Información general

El cáncer es la proliferación descontrolada de células que provoca que se haga un tumor, el cual puede aumentar de tamaño, invadir tejidos vecinos, e irse a otras partes del cuerpo invadiendo otros órganos (metástasis) y en algunos casos puede causar la muerte, dependiendo del estadio en que se encuentre.

El sistema reproductor femenino está compuesto por los ovarios, trompas uterinas o trompas de Falopio, útero o matriz y la vagina. Estos órganos internos se encuentran dentro de la pelvis. El útero es donde se aloja el bebé cuando una mujer está embarazada. Está formado principalmente por músculo. En cada una de las esquinas superiores, el útero se continúa con las trompas de Falopio, las cuales terminan muy cerca de los ovarios. En la parte inferior tiene un cuello, conocido como cérvix uterino, por medio del cual se une con la vagina.

El cérvix uterino tiene forma de un cilindro corto y ancho. Entre sus funciones están: conectar el útero con la vagina y producir moco que lubrique la vagina y que ayude a los espermatozoides a viajar a través del útero para que ocurra la fecundación. Durante el embarazo, ayuda a sostener al bebé y mantenerlo dentro del útero. El cérvix se dilata durante el parto para que el bebé pueda salir por el canal vaginal.

El cérvix a su vez se divide en ectocérvix, el cual se encuentra cerca de la unión con la vagina, y el endocérvix que se encuentra más arriba. Esta división se hace en base a las células que conforman cada parte del cérvix; el ectocérvix está formado por células epiteliales escamosas estratificadas que sirven como protección, mientras que el endocérvix está formado por células cilíndricas y glandulares que producen moco. La zona donde se unen ambos tipos de células se conoce como unión escamocilíndrica, y como veremos más adelante, es la zona más vulnerable a la infección por el Virus del Papiloma Humano (VPH).

El cáncer de cérvix o cáncer de cérvix se refiere al cáncer que se origina en las células cervicales (cuello uterino). El cáncer cervical más común, con aproximadamente 80% de los casos, es el carcinoma epidermoide (que viene de las células escamosas). El segundo tipo más común de cáncer cérvico-uterino, que representa cerca del 15 de los casos) es el adenocarcinoma (que viene de las células glandulares). El resto de los tipos de cáncer cervical (5%) son carcinomas adenoescamosos y neuroendócrinos, pero son muy raros. El cáncer de cérvix se divide en estadios, dependiendo de qué tan avanzado se encuentre, si se limita al cérvix o si ha invadido otras estructuras.

Hay que recordar que existen varias lesiones que pueden surgir en el cérvix y no todas son malignas. Algunas de estas lesiones son benignas, como los pólipos cervicales y los quistes de Naboth. Luego están las lesiones premalignas, es decir, lesiones que pueden evolucionar a cáncer si no se tratan; estas lesiones se llaman NIC o neoplasia intraepitelial cervical.

Las Neoplasias Intraepiteliales Cervicales (NIC) se dividen en tres; NIC I cuando hay displasia leve, NIC II cuando la displasia es moderada y NIC III si la displasia es grave. Esos tres tipos de lesiones se clasifican a su vez dentro de dos grupos dependiendo del grado de desorganización y sugestión de cáncer que tengan las células; puede ser lesión intraepitelial escamosa de grado bajo (SIL-L) en donde se incluyen la NIC I, o de grado alto (SIL-H) que es donde se incluyen NIC II y NIC III. Una lesión puede ser diagnosticada siendo NIC I e ir avanzando hasta convertirse en NIC II, NIC III y cáncer si no se trata, sin embargo no todas las lesiones intraepiteliales se convierten en cáncer, esto dependerá de la cepa de VPH implicada, factores inmunológicos de la paciente y otros factores ambientales.

Una vez que se ha desarrollado el cáncer, el tumor va evolucionando en distintas etapas o estadios clínicos y se clasificará dependiendo de tu tamaño e invasión a otros tejidos u órganos. Esto tiene especial importancia para el tratamiento y pronóstico.

El cáncer de cérvix es el segundo cáncer más común entre las mujeres de todo el mundo. En el 2008 se registraron 530,232 casos de cáncer cervical en el mundo, representando el 8.8% de todos los cánceres entre las mujeres. Es una causa importante de muerte por cáncer y en 2008 se registraron 275,008 muertes por esta enfermedad.
Durante el 2008 en América Latina y el Caribe, se diagnosticaron 68,220 nuevos casos de cáncer de cérvix y se registraron 31,712 muertes por esta causa. El cáncer de cérvix ocupa el segundo lugar de cáncer en mujeres en países de alto y mediano desarrollo (como el caso de varios países de América Latina y el Caribe), mientras que en países de desarrollo bajo el cáncer cervical ocupa el primer lugar.

TABLA 1. Incidencia, prevalencia y mortalidad por cáncer cervical en algunos países de América

3 Ferlay J, Shin HR, Bray F, Forman D, Mathers C and Parkin DM. GLOBOCAN 2008 v2.0, Cancer Incidence and Mortality Worldwide: IARC CancerBase No. 10 [Internet].Lyon, France: International Agency for Research on Cancer; 2010. Available from: http://globocan.iarc.fr, accessed on 28/01/2013.
4 Bray F, Ren JS, Masuyer E, Ferlay J. Estimates of global cancer prevalence for 27 sites in the adult population in 2008. Int J Cancer. 2012. Jul 3. doi: 10.1002/ijc.27711. [Epub ahead of print].

Factores de riesgo

Existen diversos factores de riesgo que predisponen a una mujer a desarrollar cáncer de cérvix. El más importante de ellos es la infección con el Virus del Papiloma Humano (VPH).

- Infección por Virus del Papiloma Humano (VPH)
La infección por VPH es el principal factor de riesgo del cáncer de cérvix. El VPH se transmite por contacto directo con la zona de la piel infectada, por ejemplo por medio de las relaciones sexuales. Existen varias cepas o tipos de VPH y se clasifican según el riesgo que tienen de provocar el desarrollo de un cáncer. Se conocen 15 cepas de VPH con alto riesgo de producir cáncer. Las dos cepas de VPH de alto riesgo más importantes son la 16 y la 18, y ésta última es la más común. Algunas cepas de este virus causan infecciones asintomáticas o generan la presencia de verrugas en el área infectada, sin aumentar el riesgo de cáncer de cérvix. Actualmente existen dos vacunas que ayudan a prevenir la infección por este virus.

El VPH no puede invadir a cualquier tipo de células. En la región vaginal y del cuello cérvicouterino, el VPH sólo afecta a las células escamosas inmaduras (no superficiales) y a las células de la unión escamocilíndrica.
Si bien este es el factor de riesgo más importante del cáncer cérvicouterino, no todas las mujeres que se infectan con VPH desarrollarán cáncer. De hecho, se estima que para la edad de 50 años al menos 4 de cada 5 mujeres habrán tenido una infección por VPH en algún punto de sus vidas, sin embargo casi siempre el sistema inmunológico puede deshacerse de la infección y se estima que en el 90% de las mujeres infectadas con VPH, la infección desaparece en menos de 2 años.

La mayoría de los factores de riesgo de cáncer cérvicouterino que se explicarán a continuación lo son porque aumentan el riesgo de infección por VPH.

- Múltiples parejas sexuales
Esto incrementa el riesgo de exponerse al virus. No significa que siempre que se tengan múltiples parejas la mujer se expondrá al virus, y tampoco que mujeres que tengan una sola pareja sexual estén exentas de ser contagiadas. Basta el contacto sexual con una sola pareja infectada para transmitir el virus, sin embargo, la posibilidad de exposición aumenta conforme aumenta el número de parejas sexuales. Tener relaciones sexuales usando condón puede ayudar a prevenir el contagio, pero no siempre es así, pues puede haber partes de la piel infectadas que no se cubran con el mismo.

- Inicio de actividad sexual a edad temprana
Entre más joven se inicie la vida sexual, mayor será la posibilidad de infectarse con el virus principalmente por los cambios epiteliales que ocurren en el cérvix durante la pubertad 8 y también porque implica un mayor tiempo de exposición a relaciones sexuales, distintas parejas sexuales, etc.

- Edad de la mujer
La edad es un factor importante, según Centers for Disease Control and Prevention (CDC) la enfermedad es más común en mujeres mayores de 30 años de edad.

- Inmunodeficiencias
El estado inmunológico también influye en que se pueda o no controlar la infección, o que esta progrese a cáncer. Las personas inmunocomprometidas, por ejemplo personas infectadas con VIH (Virus de Inmunodeficiencia Humana, que es el causante del SIDA) o pacientes desnutridas son más susceptibles. Tener otras infecciones de transmisión sexual, como la clamidia, herpes y gonorrea también es un factor predisponente.

- Uso de anticonceptivos orales
Algunos estudios sugieren que el uso de anticonceptivos orales también representa un factor de riesgo para el desarrollo de cáncer de cérvix. Se ha visto que mujeres que utilizan anticonceptivos orales por 5 años o más tienen un riesgo mayor de desarrollar la enfermedad, pero que el riesgo disminuye rápidamente conforme pasa el tiempo si el uso de los anticonceptivos se suspende. Sin embargo, se requieren más estudios para confirmar la relación entre su uso y el desarrollo de la enfermedad y el mecanismo exacto por el que podría ocurrir, ya que por el momento se desconoce.

- Múltiples embarazos
El riesgo aumenta conforme aumenta el número de embarazos; y es significativo a partir de los 3 embarazos.

Básicamente, la medida más efectiva es evitar el contagio por VPH y para esto es importante:

- Tratar de no iniciar una vida sexual activa muy tempranamente (por ejemplo, la Norma Oficial Mexicana recomienda no antes de los 18 años)
- Evitar tener múltiples parejas sexuales
- Tener relaciones sexuales utilizando condón
- Consultar con el médico sobre el uso de anticonceptivos orales
- Consultar con el médico sobre otros métodos de planificación familiar a partir del tercer embarazo

Esas son algunas medidas que pueden reducir el riesgo de contagiarse con VPH lo cual a su vez reduce el riesgo de desarrollar cáncer cervical. Sin embargo, lo anterior no es garantía de que la persona no se infectará con VPH. Por lo tanto, es fundamental llevar a cabo prácticas de detección oportuna para poder tratar cualquier alteración en el cérvix antes de que se desarrolle un cáncer cérvicouterino. La prueba de detección oportuna más importante es la una citología cervicovaginal teñida con el método de Papanicolaou, la cual es comúnmente conocida como prueba de Papanicolaou.

Recientemente se desarrolló una vacuna contra el Virus del Papiloma Humano con la finalidad de prevenir la infección por este virus. Hasta ahora existen dos vacunas aprobadas por la FDA (Food and Drug Administration): Gardasil y Cervarix. Las dos vacunas han probado ser efectivas contra las cepas del virus que causan la mayor parte de los cánceres de cérvix.

Para una mayor efectividad, la vacuna requiere de tres aplicaciones en un período de aproximadamente 6 meses. La aplicación se recomienda a niñas de entre 11 y 12 años con el objetivo de que estén vacunadas antes de haber estado expuestas al virus. Sin embargo, esto no significa que mujeres de otras edades no puedan vacunarse, simplemente es una cuestión de probabilidad.
Se han presentado efectos adversos leves por la aplicación de la vacuna, como pueden ser: dolor en el sitio de aplicación, mareo y desmayos. Estos efectos son transitorios y leves en comparación con el riesgo/beneficio

Un mito común es que los hombres no necesitan vacunarse contra el VPH. A pesar de que obviamente los hombres no pueden desarrollar cáncer de cérvix, es muy importante que también reciban la vacuna para prevenir la aparición de verrugas genitales y la diseminación del virus a sus parejas sexuales mujeres

La vacuna Gardasil del laboratorio Merck Sharp & Dohme protege contra 4 cepas en total; las dos que causan aproximadamente el 90% de los casos de verrugas genitales en hombres y mujeres (cepas 6 y 11) y las dos cepas de alto riesgo para el desarrollo de cáncer (cepas 16 y 18). Esta vacuna se encuentra disponible en más de 100 países incluyendo varios países de América Latina.

La vacuna Cervarix del laboratorio GlaxoSmithKline protege solamente contra las cepas 16 y 18, que son las de alto riesgo de desarrollo de cáncer de cérvix.

Diagnóstico

El pronóstico está condicionado por varios factores, como el tipo de cáncer, la edad de la paciente, enfermedades concomitantes, etc., pero el principal determinante es el estadio en el que se encuentre el cáncer. El cáncer cervical se clasifica por su estadio en:

El cáncer metastásico es aquel que se ha expandido tanto que alcanzó otros órganos por medio de la sangre o del sistema linfático. En el caso del cáncer del cérvix uterino los lugares más frecuentes de metástasis son hígado, pulmones, hueso y ganglios linfáticos alejados, además de la invasión adyacente a la vejiga y recto.

Existen varias pruebas que pueden realizarse para detectar el cáncer metastásico, por ejemplo pruebas de marcadores tumorales, estudios de imagen y biopsias. Los marcadores tumorales son sustancias específicas producidas por algunos tumores que se elevan en la sangre y aparecen en las pruebas sanguíneas. En el caso del cáncer de cérvix, puede encontrarse elevado el antígeno carcinoembrionario (CEA), pero no es completamente específico pues también puede estar elevado en otros tipos de cáncer como pulmón, ovario, riñón, estómago y otros.

Las pruebas de imagen que habitualmente se realizan para revisar que no haya metástasis en los órganos más frecuentemente afectados son radiografías, tomografía axial computarizada (CT-scan), resonancia magnética (MRI), tomografía por emisión de positrones (PET-scan), gamagrama óseo y ultrasonido. Cada uno de estos estudios utiliza métodos diferentes, pero todos sirven para obtener imágenes del cuerpo que sirvan para evaluar si existe diseminación del cáncer a distintas partes del cuerpo. Puede ser necesario realizar biopsias de algunos órganos para encontrar células cancerígenas, cuando existe sospecha de la presencia de metástasis.

Existen algunas opciones de tratamiento para mejorar la calidad de vida de la paciente, como cirugías para remover los tumores de reciente aparición, radioterapia y quimioterapia para disminuir el tamaño de los tumores y algunas otras molestias. Además, por supuesto de los cuidados paliativos para controlar los síntomas.

Detección oportuna

Generalmente las mujeres presentan síntomas hasta que el cáncer de cérvix ha llegado a una etapa relativamente avanzada. En etapas muy tempranas o cuando hay lesiones precancerosas, generalmente los síntomas están ausentes. Los síntomas listados a continuación no son exclusivos de cáncer de cérvix y pueden estar presentes en otras situaciones como lesiones benignas del cérvix, infecciones, etc. Cuando los signos y síntomas aparecen, los más frecuentes son:

- Sangrado vaginal anormal: por ejemplo después de tener relaciones sexuales, después de la menopausia, sangrado entre los períodos menstruales, o períodos menstruales que parecen ser más largos y con más sangrado de lo habitual.
- Desecho vaginal anormal: puede que se presente una descarga vaginal anormal entre períodos menstruales o después de la menopausia, y puede contener sangre.
- Dolor durante y/o después de tener relaciones sexuales.

Este es el método de tamizaje de elección para detectar el cáncer de cérvix. Una citología cervicovaginal consiste en usar un pequeño cepillo con el que se raspará una parte del cérvix y se obtendrán células, especialmente de la unión escamocilíndrica, para ser analizadas posteriormente por el médico especialista para dar un diagnóstico y detectar oportunamente alteraciones cervicales.

Esta prueba es muy importante porque se ha encontrado que el desarrollo del cáncer de cérvix se da a partir de lesiones pre-cancerosas de muy larga evolución y dichas lesiones pueden ser identificadas por medio del Papanicolaou. Por lo tanto, al detectar alguna alteración que sugiera que existe un proceso de desarrollo de cáncer, es posible tratarlo tempranamente.

Las recomendaciones sobre la frecuencia en la que debe realizarse el Papanicolaou varía en los diferentes países. La mayoría de las guías recomiendan que la primera toma debe realizarse a los 21 años de edad o en los 3 años siguientes al inicio de vida sexual. Posterior a la primera prueba, la mayoría de guías recomiendan que se realice anualmente. La prueba puede realizarse cada 2 ó 3 años en mujeres mayores de 30 años que hayan tenido tres citologías normales consecutivas, aunque lo ideal es que continuara siendo un examen anual.

Otra prueba que existe es la identificación de ADN del Virus del Papiloma Humano. Esta prueba también consiste en obtener una muestra de células del cérvix de la paciente y enviarlas al laboratorio para que identifiquen si hay información genética del virus en dichas células. A pesar de la utilidad de esta prueba, no se recomienda como prueba de tamizaje, sino como un complemento diagnóstico en caso de que se hayan obtenido resultados sugestivos de la infección por VPH en una citología cervicovaginal, o en ciertos pacientes en específico.

Otro estudio que se utiliza cuando hay algún resultado sospechoso en la citología cervicovaginal es la colposcopía. Esta prueba consiste en el uso de un instrumento llamado colposcopio que es una especie de microscopio que sirve para que el médico pueda ver de forma amplificada la vulva, vagina y cérvix y de esta forma observar áreas de lesiones y evaluarlas. Es probable que si el médico identifica áreas anormales o lesiones visibles, tome una biopsia para enviarla con el especialista a ser evaluada.

También pueden ser necesarios otros estudios de imagen, como una tomografía (TAC) o una resonancia magnética (IRM), así como algunas pruebas de sangre. Estos estudios sólo se piden ante la sospecha de un diagnóstico maligno con el fin de evaluar el grado de invasión y si existe metástasis a otros órganos.

Tratamiento

Existen varios tratamientos que se pueden utilizar en pacientes con cáncer de cérvix, es común que se combinen varios o todos estos tratamientos, dependiendo del caso de cada paciente. Estos tratamientos son cirugía, radioterapia, quimioterapia. Se le llama terapia adyuvante al tratamiento que se da después de realizar una cirugía terapéutica, incluso cuando ya no se detecten células de cáncer y el objetivo de este tratamiento es impedir que el cáncer regrese. La quimioterapia y radioterapia son ejemplos de tratamientos adyuvantes, cuando son administrados después de la cirugía. No todos los pacientes requieren terapia adyuvante, esto dependerá del tipo de cáncer que se haya tenido, el estadio en el que fue tratado y el tipo de cirugía que se realizó.

Por medio de la cirugía se remueven los tumores y algo de tejido circundante con el objetivo de eliminar la mayor cantidad de células cancerígenas posibles. Cuando el cáncer cervical no ha invadido estructuras adyacentes, es decir, sigue confinado al cérvix, se pueden utilizar los siguientes métodos:

- Conización: es una técnica muy parecida a la biopsia, en la que se remueve la sección del cérvix afectada haciendo una forma de cono. También puede utilizarse en cánceres microinvasivos, pues no han invadido una gran cantidad de tejido.
- Excisión en bucle de la zona de transformación: También llamada LEEP, por sus siglas en inglés. En esta técnica se utiliza un pequeño gancho de alambre con corriente eléctrica que sirve para extraer el tejido lesionado.
- Histerectomía: Se refiere a la remoción del útero y cérvix.
- Salpingooforectomía bilateral: Este procedimiento se refiere a la extirpación de ambas trompas uterinas y ovarios. Generalmente cuando se hace una histerectomía se respetan las trompas y ovarios, pero puede llevarse a cabo este procedimiento de ser necesario.
- Traquelectomía radical: Es una cirugía en la que se remueve el cérvix completo, pero el útero no. Además se remueven los ganglios linfáticos. Esta técnica se utiliza más en pacientes jóvenes que deseen embarazarse más adelante.

Otras técnicas utilizadas son:
- Criocirugía: también se le llama crioterapia y consiste en utilizar un instrumento que destruye las células anormales por medio de la aplicación de frío. Es útil en el tratamiento del carcinoma in situ.
- Cirugía láser: esta cirugía utiliza un láser, es decir, un rayo de alta energía o de luz muy intensa que sirve para realizar cortes y remover la lesión en cuestión. Tiene como ventaja que no produce sangrado.

Cuando el cáncer ha invadido un poco más del cérvix y ha salido de él, existen técnicas como:
- Histerectomía radical: se habló de ella anteriormente.
- Exenteración: cirugía en la que se remueven el cérvix, vagina, útero, una parte del colon, en recto y vejiga. Esto dependerá de qué órganos haya invadido el cáncer.

Las complicaciones y efectos adversos dependen del tipo de cirugía y la extensión del cáncer. Además de que cada procedimiento tiene diferentes efectos sobre la salud sexual de la paciente, por lo que debe hablarse al respecto con su médico.

La radiación es otro tratamiento empleado para el cáncer de cérvix que consiste en utilizar rayos de alta energía u otros tipos de radiación que destruyen las células cancerígenas y evitan que éstas vuelvan una vez que se hayan eliminado. Existen dos tipos de radioterapia: la radiación externa y la interna.

En la terapia con radiación externa, una máquina fuera del cuerpo enfoca el rayo hacia la parte afectada del cérvix, la cual dependerá del tamaño del tumor, del tipo de cirugía que se haya realizado (si es que hubo alguna) y si hay o no ganglios linfáticos involucrados.

La radiación interna, también llamada braquiterapia o radiación por implante, consiste en pequeños implantes en forma de semillas, catéteres, perdigones, etc. que se colocan dentro o cerca del tumor y desde ahí emiten la radiación para destruir las células cancerosas.

El tipo de radiación y la forma en la que se empleará dependerá del tipo de cáncer y estadio en el que se esté tratando.

Los efectos adversos de la radioterapia incluyen fatiga, irritación cutánea, molestias gastrointestinales y dolor abdominal. Estas molestias se presentan dependiendo del tiempo que dure la terapia y generalmente desaparecen en cuanto ésta termina. Generalmente la vida sexual de las pacientes no se ve afectada después de terminar el tratamiento.

La quimioterapia es un tratamiento que consiste en la administración de fármacos que eliminen las células cancerígenas, ya sea matándolas directamente o impidiendo que se dividan. La quimioterapia puede ser administrada por medicamentos orales, inyectados en alguna vena o músculo, afectando las células de todo el cuerpo (quimioterapia sistémica), o aplicados directamente en algún órgano o tejido afectando únicamente las células que se encuentren ahí (quimioterapia regional). El tipo de quimioterapia a utilizar dependerá, como siempre, del tipo de cáncer y estadio en que se encuentre. También puede utilizarse como terapia adyuvante, es decir, después de una cirugía con el objetivo de eliminar todas las células que no pudieron removerse durante la misma.

La quimioterapia puede tener diversos efectos adversos. Los fármacos que se utilizan en la quimioterapia actúan atacando las células que se dividen rápidamente (que es el caso de las células del cáncer). Sin embargo existen otras células normales en el cuerpo que también se dividen rápidamente, como las del cabello, tracto gastrointestinal, médula ósea, etc., y es por eso que se presentan dichos efectos adversos.

Es importante mencionar que la mayoría de los efectos secundarios causados por la quimioterapia desaparecen una vez que termina el tratamiento. Algunos efectos son más comunes con el uso de ciertos medicamentos en específico, pero no con otros. Otro punto importante es que la aparición de los efectos adversos también dependerá de cada mujer; hay pacientes que presentan varios de los efectos, mientras que algunas presentan pocos de ellos.

Es muy importante hablar con su médico sobre los efectos adversos que se presenten durante la quimioterapia para evaluar el esquema de tratamiento y para considerar medicamentos que pueden ayudar a disminuir algunos efectos, como la náusea y el vómito.

Algunos de estos efectos adversos son la pérdida de cabello, úlceras en la boca, náusea, vómito, aumento o pérdida del apetito, baja cuenta de células sanguíneas (lo cual puede derivar en aumento de infecciones, formación de hematomas y fatiga, entre otras cosas). En mujeres jóvenes puede haber cambios en los ciclos menstruales y la fertilidad, pero esto depende de la edad de la paciente y otros factores. Algunos fármacos pueden producir neuropatía, es decir, daño a los nervios (no al cerebro ni médula espinal) principalmente de manos y pies, y producir dolor, entumecimiento y otras molestias. Algunos fármacos pueden causar daño permanente al corazón, pero esto depende del fármaco que se utilice, de la dosis y del tiempo de tratamiento. Los médicos evalúan muy cuidadosamente la aparición de este tipo de efectos y el correcto funcionamiento del corazón. Algunas mujeres también han reportado problemas de concentración y de memoria, pero no son efectos permanentes.

Como se menciona anteriormente, es importante mencionarle al médico cualquier síntoma que se presente durante el tratamiento, pues esto le servirá para evaluar el esquema de tratamiento, así como ayudarle a tratar algunos de los signos y síntomas que pudieran presentarse y darle orientación al respecto.

El cuidado paliativo también se conoce como tratamiento de soporte o de manejo de síntomas y tiene como objetivo mejorar la calidad de vida de las pacientes. El cuidado paliativo se enfoca en prevenir y tratar los síntomas de la enfermedad, los efectos secundarios del tratamiento, así como dar apoyo psicológico, social y espiritual a los pacientes y sus familias.

El cuidado paliativo ayuda a manejar situaciones como la depresión, ansiedad, dolor, náusea y vómitos, confusión, problemas de sueño, falta o aumento de apetito, fatiga, etc. Es importante tener en cuenta este tipo de tratamiento, ya que el bienestar emocional y psicológico del paciente van de la mano con el físico.

Ejemplos son medicamentos que disminuyan las náuseas y vómitos causados por la quimioterapia, medicamentos que controlen la diarrea y mejoren la función gastrointestinal, analgésicos para controlar y disminuir el dolor, etc. En el aspecto emocional puede contarse con apoyo psicológico tanto para la paciente como para su familia, de forma que se mejore el estado de ánimo, se resuelvan dudas, miedos, etc. Hay otros medicamentos que pueden administrarse cuando el médico evalúa que son necesarios, como por ejemplo antidepresivos, fármacos para ayudar a la paciente a dormir, ansiolíticos, etc.

Recibir un diagnóstico de cáncer de cérvix puede ser muy abrumador, atemorizante y es normal que haya muchas preguntas que se necesiten resolver. Es muy importante hablar abiertamente con su médico sobre cualquier duda o inquietud que se tenga sin miedo y sin pena. Estas son algunas preguntas que pueden ayudarle a guiarse durante la consulta con su médico:

1. ¿Exactamente qué tipo de cáncer tengo?
2. ¿En qué etapa/estadio se encuentra el cáncer?
3. En base a esto, ¿qué opciones de tratamiento tengo y cuál es el pronóstico?
4. ¿Puedo obtener una copia de mi reporte de patología? Esto le puede ayudar a consultar a otros médicos, investigar sobre su diagnóstico, mantener su historial médico, etc.
5. ¿Cómo puede este cáncer invadir mis nódulos linfáticos o hacer metástasis?
6. ¿Cuánta experiencia tiene usted tratando este tipo de cáncer?
7. ¿Necesito otros estudios para confirmar el diagnóstico?
8. ¿Qué tratamiento me recomienda y por qué?
9. ¿Puedo obtener una segunda opinión? ¿Cómo puedo hacer esto?

Estas son sólo algunas de las preguntas que puede hacer al obtener su diagnóstico, pero recuerde tener confianza en su médico y preguntarle o comentarle cualquier duda, inquietud, molestia, etc.