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  • 29/08/2018
  • Latinoamérica
  • ULACCAM

Vivir cerca espacios verdes urbanos reduce el riesgo de cáncer de mama

Artículo publicado originalmente en el portal La Vanguardia. Vea el enlace a la publicación original al final del texto.

Las mujeres que viven cerca de espacios verdes urbanos tienen “un menor de riesgo de cáncer de mama mientras que, por el contrario, el riesgo de cáncer de mama es mayor en las mujeres que viven cerca de zonas agrícolas, lo que indica que la asociación entre espacios verdes y cáncer de mama puede depender del uso que se da a la tierra”, ha explicado Cristina O’Callaghan-Gordo, investigadora de ISGlobal y primera autora de un artículo científico publicado este mes de agosto en revista International Journal of Hygiene and Environmental Health.

El estudio ha sido realizado en el marco del proyecto MCC-Spain, cofinanciado por el Consorcio de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP), en el que se analizó los datos de 1.738 casos de cáncer de mama y de otras 1.900 mujeres sin historial de cáncer de mama de diez provincias españolas (Asturias, Barcelona, Cantabria, Girona, Guipúzcoa, Huelva, León, Madrid, Navarra y Valencia). La investigación ha sido liderada por expertos del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), centro impulsado por la Fundación Bancaria ”la Caixa”, y ha analizado por primera vez la relación entre residencia cercana a espacios verdes y riesgo de cáncer de mama.

Más de 3.600 mujeres en España han participado en esta investigación que concluye que las mujeres que viven cerca de espacios verdes urbanos, como parques y jardines, tienen menos riesgo de padecer cáncer de mama.

Los datos usados para la investigación se obtuvieron a través de entrevistas realizadas a cada una de las participantes -información sobre su historial residencial, hábitos de vida, nivel socioeconómico y niveles de actividad física- y a través de la geolocalización de su vivienda actual se registró la cercanía a espacios verdes urbanos o áreas agrícolas, los niveles de contaminación del aire y la densidad de población.

Por su parte, Mark Nieuwenhuijsen, coordinador del estudio y de la Iniciativa de Planificación Urbana, Medio Ambiente y Salud de ISGlobal, explica que en la investigación “se vio una tendencia lineal entre la distancia a las áreas verdes urbanas y el riesgo de cáncer de mama, es decir, cuanto más cerca vivían las mujeres de los espacios verdes, menos numerosos eran los casos de cáncer”. Este estudio “demuestra la importancia de la naturaleza para la salud, que debe formar parte de la ciudad y, en lugar de puntos dispersos, los espacios naturales deben ser una trama que comunica todo el espacio urbano y beneficia a toda la ciudadanía”, añade.

“Aún desconocemos qué características de los espacios naturales son más beneficiosas para la salud de las personas y cuál es el mecanismo que explica esta relación”, explica Manolis Kogevinas, investigador de ISGlobal y coordinador del proyecto MCC-Spain. “Otros estudios indican que los mecanismos que podrían explicar el efecto beneficioso de los espacios verdes incluyen mayores niveles de actividad física y una menor exposición a la contaminación del aire, que se ha vinculado con el desarrollo del cáncer, aunque en este estudio no hemos podido observar estas asociaciones. Creemos que otros mecanismos, como la reducción de los niveles de estrés en las personas que viven cerca de espacios verdes, podrían explicar esta asociación, pero es necesario realizar más investigaciones para confirmar esta hipótesis”, argumenta.

En cuanto a la asociación entre el cáncer de mama y los espacios agrícolas, estudios previos sugieren que este vínculo se debe al uso de los pesticidas en la agricultura. “En nuestra investigación, no hemos analizado los niveles de exposición a agroquímicos, pero futuros estudios deberían tenerlos en cuenta para entender el mecanismo que explica esta asociación”, concluye O’Callaghan-Gordo.

Los espacios verdes se han asociado con mejoras en la salud, como un mejor estado de salud general y mental, y mayor esperanza de vida. Recientemente, se ha relacionado con un deterioro cognitivo más lento en personas mayores. En niños y niñas, se ha vinculado con mejoras en la capacidad de la atención, en el desarrollo emocional y del comportamiento, e incluso con cambios estructurales beneficiosos en el cerebro. Hasta ahora, pocas investigaciones se han centrado en la relación con el riesgo de cáncer y, en concreto, con el de mama, el más común entre las mujeres y el que causa más muertes en la población femenina.

El nuevo estudio, publicado en la revista International Journal of Hygiene and Environmental Health y realizado en el marco del proyecto MCC-Spain, cofinanciado por el Consorcio de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP), analizó los datos de 1.738 casos de cáncer de mama y de otras 1.900 mujeres sin historial de cáncer de mama de diez provincias españolas (Asturias, Barcelona, Cantabria, Girona, Guipúzcoa, Huelva, León, Madrid, Navarra y Valencia).

Los datos usados para la investigación se obtuvieron a través de entrevistas realizadas a cada una de las participantes —información sobre su historial residencial, hábitos de vida, nivel socioeconómico y niveles de actividad física— y a través de la geolocalización de su vivienda actual se registró la cercanía a espacios verdes urbanos o áreas agrícolas, los niveles de contaminación del aire y la densidad de población. JEC

Artículo científico de referencia:

Residential proximity to green spaces and breast cancer risk: The multicasecontrol study in Spain (MCC-Spain). International Journal of Hygiene and Environmental Health. O’Callaghan-Gordo C., Kogevinas M., Cirach M., Castaño-Vinyals G., Aragonés N., Delfrade J., Fernández-Villa T., Amiano P., Dierssen-Sotos T., Tardon A., Capelo R., Peiró-Perez R., Moreno V., Roca-Barceló A., Perez-Gomez B., Vidan J., Molina A., Oribe M., Gràcia-Lavedan E., Espinosa A., Valentin A., Pollán M., Nieuwenhuijsen MJ.. 2018 Aug 1. doi: 10.1016/j.ijheh.2018.07.014

Artículo original



Fuente: La Vanguardia